El CAT no es la tasa de interés, aunque se le parezca
Cuando ves publicidad de una tarjeta de crédito, casi siempre aparecen dos números: la tasa de interés anual y el CAT. No son lo mismo. La tasa de interés es solo una parte del costo. El CAT (Costo Anual Total) es un indicador que Banxico obliga a calcular y publicar a bancos y demás entidades financieras para meter en un solo porcentaje anualizado la tasa de interés, la comisión anual, otras comisiones que la institución tenga registradas ante Banxico y, cuando aplican, los seguros obligatorios del producto.
La idea detrás del CAT es simple: que puedas comparar dos tarjetas —o un crédito de nómina contra una tarjeta— con un solo número, sin tener que sumar tú mismo tasa, anualidad y comisiones sueltas. La fórmula y la obligación de publicarlo están definidas en la Circular 21/2009 de Banxico, modificada por la Circular 9/2015, que es la norma vigente para este cálculo.
Qué entra en la cuenta y qué se queda fuera
Para una tarjeta de crédito, el CAT se construye con estos ingredientes:
La tasa de interés anual que cobra el producto.
La comisión anual o anualidad —y aquí viene un detalle importante: Banxico exige usar la comisión anual del producto aun cuando no se le cobre al cliente, es decir, aunque el banco la esté bonificando o descontando en la práctica.
Otras comisiones que la institución tenga registradas.
Seguros, cuando el producto los trae obligatorios.
Lo que queda fuera del resultado final es el IVA: el CAT que ves publicado no lo incluye, aunque los intereses y comisiones que en efecto pagas sí lo llevan incorporado en tu recibo. Es decir, el porcentaje que anuncia el banco no es exactamente el total de lo que vas a desembolsar.
La matemática detrás: una tasa interna de retorno
Técnicamente, el CAT no es una suma ni un promedio: es una Tasa Interna de Retorno (TIR). Banxico plantea los flujos de dinero del crédito —las disposiciones que haces (lo que se dispone de la línea) y los pagos que haces a cambio— y busca la tasa que hace que ese flujo cuadre matemáticamente. Como no hay una fórmula directa para despejar esa tasa, se resuelve con métodos numéricos (bisección, Newton) y después se anualiza multiplicando por el número de periodos de referencia que tiene un año.
Esto explica por qué el CAT no es intuitivo de reproducir a mano: es el resultado de una ecuación resuelta por aproximaciones sucesivas, no una regla de tres.
El supuesto que cambia todo: línea completa y pago mínimo
Aquí está el punto que más confunde a la gente. Un crédito a plazo fijo —como uno de nómina o un préstamo personal— tiene flujos de pago definidos desde el inicio: sabes cuánto dispones y cuánto vas a pagar cada mes. Una tarjeta de crédito no funciona así: es un crédito revolvente, puedes usarla poco o mucho, pagar el mínimo o el total.
Para poder calcular un CAT con ese producto, Banxico tuvo que fijar un supuesto estandarizado: asume que el tarjetahabiente dispone de toda su línea de crédito y paga únicamente el pago mínimo mes con mes. Es el escenario más costoso posible, y se usa precisamente para que el número sea comparable entre productos, no para describir el uso real de cada persona.
El problema es que ese supuesto casi nunca coincide con el comportamiento real. Según datos citados por CONDUSEF, solo alrededor de 44% de los tarjetahabientes en México usa su tarjeta pagando el total y sin generar intereses. El resto —la mayoría— sí paga algo de interés, pero tampoco necesariamente dispone de toda la línea ni paga solo el mínimo. En ambos casos, el CAT publicado es un punto de referencia estandarizado, no una predicción de tu recibo.
Por qué dos tarjetas "iguales" pueden tener CAT tan distinto
Si el CAT usara el mismo supuesto para todas las tarjetas, uno esperaría que productos parecidos —por ejemplo, dos tarjetas clásicas— tuvieran costos similares. No es así. Comparativos recientes hechos con la herramienta oficial de Banxico muestran tarjetas con CAT desde cerca de 23.9% (Banregio) hasta cerca de 144% (Banorte). CONDUSEF, por su parte, ha documentado en el pasado brechas de 18.1% a 105.9% entre tarjetas del mismo segmento tipo "Clásica".
Esa diferencia no es un error de cálculo: refleja que cada banco fija su propia tasa de interés, su propia anualidad y sus propias comisiones adicionales, y todo eso se agrega al mismo supuesto de uso. Comparar el CAT entre dos tarjetas del mismo tipo es, hoy por hoy, una de las formas más directas de ver qué tan caro es un producto frente a otro sin necesidad de leer letra chica.
Dónde revisarlo tú mismo
El CAT no es un dato que tengas que buscar en publicidad de dudosa procedencia. Banxico mantiene una calculadora oficial de CAT para tarjetas de crédito y otras líneas revolventes, donde puedes consultar el dato con la metodología vigente. CONDUSEF, por su parte, tiene catálogos comparativos donde se puede ver el CAT, la tasa de interés, comisiones y seguros de distintas tarjetas lado a lado.
Tu propio estado de cuenta también debe mostrar el CAT del producto que tienes contratado —calculado con la comisión anual del producto aunque no te la estén cobrando, como se explicó arriba—, así que vale la pena revisarlo ahí directamente en lugar de quedarte solo con el número que viste en un anuncio.
Lo que está por cambiar
En noviembre de 2025, Banxico abrió una consulta pública (del 7 de noviembre al 22 de diciembre de 2025) para modificar la metodología del CAT. La propuesta busca simplificar y ajustar cómo se calcula específicamente en publicidad y estados de cuenta de tarjetas de crédito, y por primera vez sumaría a las plataformas de crowdfunding como sujetos obligados a reportarlo. El CAT como indicador obligatorio en México nació a mediados de 2007 para tarjetas de crédito y crédito hipotecario, y se amplió a mediados de 2010 a todo el crédito al consumo; ahora, quince años después, la fórmula vuelve a estar sobre la mesa.
Si estás comparando tarjetas hoy, vale la pena tener presente que las reglas y quizá las cifras que ves podrían cambiar en los próximos meses, y que el número que aparece en la publicidad de un banco sigue siendo un punto de referencia estandarizado —útil para comparar, no una promesa de lo que vas a pagar tú.